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Lanzarse al vacío con Rigoberta Bandini

La otra cara de Rigoberta Bandini, el refugio de Paula Ribó.

Yo a Rigoberta Bandini la conocí en medio de un exilio forzado y su música me hacía pensar en mis amigas, y en la familia que había dejado en México y extrañaba profundamente. Escuché Perra y me sentía encarnada en la súplica de ser relevada de una existencia tan extenuante como la humana. Amé las armonías de las voces y bases electrónicas. La facilidad con la que reclama que ser mujer es tan pesado, que sería mucho mejor ser una perra.

Lo curioso es que un perro depende de la voluntad del amo, de si lo quiere dejar fuera de un bar para irse de cañas con sus amigos y pienso que a lo mejor Perra también es una manera de pedir un break, de pasar un poco al asiento del copiloto de la propia vida, un break de la frustración y la sensación de impotencia que nos deja la realidad. 

“Llega un punto después de la rabia en donde empieza una cierta conciliación y se encuentra en la otredad cierta contención, y ahí me siento cuando escucho tu música”, le digo intentando ordenar mis ideas y disimular mis nervios. Paula Ribó está del otro lado de la pantalla con unos audífonos enormes y me contesta un poco sin mirarme. 

“Me da ilusión que haya esperanza en lo que escribo” dice sonriente. “Es muy terapéutico el proceso de componer y en esa catarsis colectiva de los conciertos que exista ese sentimiento medio agridulce. La vida es muy heavy, es dolorosa pero a la vez, el acompañarnos nos brinda una especie de premio de consolación”.

Cuando hablamos estamos atravesando temporada de eclipses, en plena temporada de Tauro. Y teniendo en cuenta que un eclipse es el momento en donde se pierde la consciencia, cuando la luna tapa al sol y lo oscurece, sí siento acertado cuando dice que, sin intención de sonar pretensiosa, siempre ha intentado iluminar con su música. Sin tener miedo a hablar de espíritu.

«Podría quedarme horas viendo cómo el huevo cambia su estado rápidamente al llegar a la sartén. No hay pensamiento. No hay duda. El huevo cambia su estado a una velocidad escalofriante. Ojalá pudiera ser huevo.” escribe Paula a manera de confesión en su libro Vértigo, descrito como una autoficción. 

Vértigo y Rigoberta Bandini son dos caras de la misma moneda, dos facetas de la misma mirada compasiva a la experiencia humana, y a sí misma, y al camino recorrido. 

No creo que pueda enjaular la feminidad. 

No puedo domar todo lo que soy.

No puedo infectar todo lo que doy.

Leo a esa Paula con el corazón roto, desprendida en mil pedazos en un cuarto de hotel en Estocolmo, y recuerdo con ternura cuando tenía 25 y me sentía igual. Como que “mi magia estaba en peligro de extinción” y sonrío de pensar en esa angustia porque ahora a mis 32 estoy entera. Con ganas de amar mucho. Y Paula está más allá. 

“Ahora siento que el matrix de las canciones de Rigoberta fue el mismo que el del libro”, me cuenta del otro lado de la pantalla. 

Me lo explica ella y lo leo yo, lo que la llevó a encerrarse en ese invierno congelado fue una ruptura que no sólo fue una ruptura, si no un punto de quiebre, un hito. Que desbarató dinámicas y amistades y la hizo entrar un poco en el mundo adulto. 

En el prólogo de su libro también recuerda el vértigo que sintió al dejar atrás su juventud, y lo compara con el vértigo que siente ante el cambio pero sonríe. “Después de eso (de las rupturas) vino una cosa que no me imaginaba en ese momento ni me hubiera imaginado nunca que fueron dos creaciones muy grandes; la de mi hijo y la de Rigoberta Bandini, las dos abundantes y luminosas”, de momento sí siente que está terminando una etapa, que está como en otra bisagra.

“Siento mucho agradecimiento porque lo que veo es como que que yo confié y me lancé a una especie de vacío y de alguna manera el universo me ha puesto algunos colchones increíbles y me siento orgullosa de mi misma. Y me hace seguir confiando en la vida, en hacer las cosas desde la verdad. En ser buena persona e intentar hacer la vida de los demás mejor, que me pueda más el amor. Cuando una está en coherencia, la respuesta del universo es muy fuerte” reflexiona al preguntarle qué es lo que ve cuando ve hacia atrás, cuando mira el camino que la trajo a este punto de su vida. 

En algún punto de ese camino, su primo le regaló una estampa india de la diosa Durga, la que puede sanar en situaciones de gran abatimiento. Y siento que las mujeres hacemos mucho eso, usar la rabia para crear, y sanar a través del dolor. Le pregunto qué rol tienen las mujeres en su arte. 

“No puedo huir de hablar de mujeres porque eso soy, entonces hablo desde mi propia feminidad y mis incongruencias dentro de la misma. Estoy empapada de mujer y me siento agradecida porque me da fuerza. Siento que mi voz es poderosa gracias a ser mujer. Cuando empecé con 20 años, nos sentíamos como que se nos ponía súper en duda siempre. Porque no era sólo ser mujer sino ser joven, éramos enanas. 

Hay muchísimos hombres en la industria que van y están como marionetas de un sistema arcaicamente patriarcal pero también hay quienes están intentando avanzar. Tenemos que confiar en que hay un lugar para nosotras porque nos necesitan, porque nuestra voz es necesaria y única y saber que cuando hay una pared siempre hay otra cosa detrás. El mundo de la música no sería nada sin nosotras y ser conscientes de ello nos da poder.”

Rigoberta Bandini
Himnos

“A todos los cabellos largos que amamantan nuestra serenidad y no habíamos visto hasta ahora”, escribe en Vértigo y traduce al “A ti que siempre tienes caldo en la nevera” de Ay Mamá.

Dice Paula que intenta componer desde la honestidad, que a ella le gustan las melodías que la atraviesan y busca siempre emoción, emoción, emoción, emoción y eso se transmite en sus canciones y al vivirlas la gente las siente como una catarsis. Ella quiere seguir componiendo canciones que crea que son necesarias y la muevan y la conecten con algo; “si intentara componer un himno no me saldría nunca, es la gente la que los inmortaliza, lo cual es maravilloso”.

Le pregunto qué siente de saber que del otro lado del mundo hay tanta gente que la quiere. Ella sonríe y me contesta que le parece raro. Que es como una especie de sueño del que se pregunta si va a despertarse, porque el sueño que tenía de pequeña de viajar con su música antes se le hacía casi imposible.

Pero a ver, que Rigoberta Bandini no es la primera banda de Paula, antes formaba parte de The Mamzelles. Cantaban en catalán y yo por supuesto que no entendí casi nada, pero tienen una canción que se llama La tierra de los hombres en la que se puede vislumbrar un poco lo que vendría luego con Rigoberta. Muchas armonías, beats pegajosos, y letras filosas. Fue con The Mamzelles que Paula aprendió a afilar el colmillo: 

“Siento que sin la experiencia de The Mamzelles no estaría viviendo igual de tranquila este proyecto porque conocí los entrecejos del mundo de la música. Para mí empezar Rigoberta fue como ‘I know the business babies, no me vais a joder’.”

Paula Ribó

Quiero saber qué hace para manejar la transición de ser muy conocida en Cataluña a tener más del millón de oyentes en Spotify, sin perder el norte. Y me empieza a hablar de su familia. Y me imagino que todas las cosas que desgastan de estar de gira, por ejemplo, se facilitan cuando tu banda está compuesta por tus primos y tu pareja. Te sientes en casa, y para Paula eso significa poder compartir con el público su refugio.

“Necesito nutrirme de mí, de mi verdad”, me explica mientras medita sobre la lección más reciente que ha aprendido, que es ir alternando dar con cosechar. “Por que hubo un momento que todo era dar, dar, dar, dar y me preguntaba hace cuánto no componía o escribía poemas, para mí misma, pero esa cosa de ir sembrando libretas y libretas, que es lo que he hecho toda mi vida y siento que esa es mi única responsabilidad como artista: No perder nunca esa conexión conmigo misma. De lo contrario no tendrá sentido para mí crear” concluye.

En el epílogo de Vértigo escribe que cuando revisa sus textos, se da cuenta que siempre son los mismos hilos los que le duelen, y a veces mientras la leo pienso en Roberto Juarroz. En ese poema que dice que si conociéramos el punto en donde va a romperse algo podríamos poner un punto sobre ese punto o al menos acompañarlo a romperse; y siento que Vértigo es mucho eso y que mucho de la música de Paula es ese intento de guardar su pasado en un lugar seguro y de depositar en el futuro todo lo que no le cabe en las manos, porque las tiene ocupadas aferrándose al presente.

Fotografía: VOGUE España

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